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20 julio, 2009

ALSEID - EL SONIDO DE LA ANGUSTIA (2)

LA PESADILLA

Hay manantiales en esa parte, de dónde todas las mañanas entra el Sol a darme la bienvenida, y hoy no fue la excepción. Minutos antes de abrir los ojos, estando perdida entre los brazos de Morfeo, arremetió esa pesadilla que viola mi cerebro todas los noches, ese trastorno recurrente que perturba mi sosiego, cada día, previo al amanecer. Es perseverante, atroz.

- BlooOOop, blooOoOop - Habla el sonido de la angustia - Ese golpeteo del cual les platicaba anteriormente -

Inicia con el sonsonete apenas perceptible, del gotear acústico al interior de la cueva. Comienza suavemente, y poco después parecieran acordes de un violonchelo (en su nota más grave) en una sinfonía de terror, como si este lugar tomara vida, y el ruido fueran los sollozos de su alma en el punto álgido de dolor. Así se escucha en mis sueños y yo me imagino, boca abajo, en mi lecho (creado de musgos y ramas) y una presión externa, omnipresente, empuja mi nuca con fuerza, yo no puedo moverme, sigue empujando hasta que esa comisura de roca (mi cama) va fundiéndose lentamente. La sensación es de asfixia, y percibo el estrujamiento de todo mi cuerpo sumergiéndose lento y apretado, como si hundieras un dedo en una pelota creada del intestino de algún animal muerto, llena de agua con arcilla. No veo nada en esos momentos y todo se centra en impresiones espeluznantes; de ahogo, opresión, acaloramiento. Siempre que sueño esto me he preguntado - ¿Podrás morir mientras duermes, por todo aquello que guardas en la cabeza? – Pero al parecer, esto no es posible, porque siempre despierto al borde de la locura, jadeando de agobio, con el corazón palpitando acelerado, sudando y con sed, mucha sed.

Recién abro los ojos, agitada, siempre volteo preocupada a ver todo mi cuerpo, me manoseo de pies a cabeza y ¡Sigo viva! No me muero, ni enloquezco, ni la cueva habla, ni las goteras son pequeños violonchelos del mal, ni mi cama es maleable. Es sólo mi cerebro, que le encanta jugarme bromas pesadas todo el tiempo y sigo espantándome del mismo delirio, porque como les decía, es repetitivo. Ese mismo sueño, varias noches. Es absurdo y a veces me río de esos viajes gratuitos que genera mi mente, es como vivir emociones fuertes, sin necesidad de moverte, a veces es mayor la intensidad de mis sueños a la realidad. Recuerdo esa vez, cuando me llevó la corriente del río ¡Su cauce era estrepitoso y violento y sus aguas me expulsaron por la cascada! (les contaré posteriormente sobre ella) esta tiene una altura significativa y caí libremente, -¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhh! - Grité… Hasta hundirme en la laguna.

- ¡Sí! ¡Fue emocionante! - Esa vez me descalabré, pero me divertí de verdad. En cambio, en mis pesadillas, no tengo heridas, pero la sensación es bastante desagradable, me desanima y es difícil iniciar un nuevo día. Las llagas son internas.

continuará...

09 diciembre, 2008

ESO...

Reconociendo las tonalidades de la aurora que precede al Sol y enaltece mis emociones, recordando momentos dichosos en los que el tiempo retirado, decrépito, guarecido en un recoveco de la inmensidad de ESTO, que evocaba la estadía y vivacidad de colores y formas, que brotaban en mi interior reforzando la intensidad de mis latidos, reavivando la ilusión.

Estoy tocando la pasión nuevamente… y me intimida.

Volteo a ver esa puerta, corroída por el gélido viento que irrumpió sin aviso paralizando mi espíritu, el horizonte es fúnebre y polvoriento, veo telarañas en el marco del portón y las paredes agrietadas, exclaman alaridos de dolor impávido. Hasta parecieran moverse, como si voraces demonios quisieran rasgar violentamente el umbral hacia su manjar. Ellos se alimentan de sueños, y al parecer yo soy un apetitoso banquete, sobre todo cuando mi corazón retumba de esta manera, bombeando la sangre con fuerza tal, que emite sonidos parecidos a los de olas bravías rompiendo en la costa. Trato de tranquilizarlo pero es imposible, pareciera saltar de júbilo dentro de mí, queriendo desintegrar mi cuerpo en la explosión provocada por el arrebatado torrente sanguíneo al correr por las venas. -Calma… - le digo a mi alma, motor de vida y sembradío de esperanza, culpable de la abrupta aceleración de mis órganos. -¡Shhh! calma… que nos oyen y quieren matarnos- repito ansiosa. Observando atemorizada las paredes que parecen acorralarme, reduciendo más y más el espacio, asfixiándome, rodeada de siluetas de rostros cadavéricos, desfigurados, hambrientos, mostrando sus colmillos afilados, queriendo tragarme.
La febril soledad, con anterioridad se imponía y llamaba impaciente a aquellas sombras que disfrutaban poseyéndome una, y otra y otra vez, hasta dejarme exhausta y casi moribunda, acallando mi corazón alevosamente.

Sólo que esta vez, ese soplo abrasador, ESE del que comencé hablando, es dominante y amedrenta a todos esos engendros, quienes ahora chillan, llenos de ansiedad, caminando desesperados de un lado a otro, bufando desde aquel lado del tiempo... lejanos, distantes.